De Francia, de Francia vengo

                                 de Francia vengo a Toledo.

                                 Me han salido ladrones

                                  y me han robado el dinero.

                                 Lo poco que me ha sobrado

                                 lo he echado en un gallo negro.

                                 El gallo no tiene cresta

                                 por comer cebada ajena.

                                 A los niños de la escuela

                                 manda el Rey, nuestro señor

                                 que  le corten la cabeza.

 El Rey da suelta al animal, y rota la formación, persiguiendo al ave con enorme agitación y alborozo. Capturado y puesto en libertad en repetidas ocasiones, el animal llega  hasta su agotamiento. Es entonces cuando se cuelga de la rama de un árbol y es decapitado. El verdugo tiene el privilegio de poder comer la cabeza del gallo.

 Alcalde, párroco y maestros son invitados el martes, mediante un protocolo que viene a decir:

 “Los niños de la escuela nos sentiríamos muy honrados si Vd. Aceptase comer con nosotros en la merienda de las Cuarentenas”

 El Rey y sus ayudantes sirven la comida a los demás niños y aunque no es cosa fácil el orden durante la misma, lo consiguen casi del todo. Al ser los servidores de los demás, dan a entender que un buen gobierno está al servicio del pueblo. Al  final todos contentos y satisfechos se marchan con la certeza y la ilusión que este tiempo se volverá a repetir al año próximo.


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