Al interior de la iglesia pasaban en primer lugar los “bobos”, rociando con el zurriago agua bendita a las señoras, y ofreciéndola con los dedos los hombres. Los días de Navidad y Reyes se adora al Niño Dios en correcta formación. El resto de las jornadas festivas y en San Esteban, hay ofrendas para el Niño Jesús recibiendo la bendición del párroco. Sin embargo, los “bobos” colocan la montera antes que los monaguillos hagan lo propio con la bandeja, apropiándose con las dádivas depositadas. 

 Navidad y Reyes, Las calles acogían procesiones petitorias que se detenían en cada hogar para recoger los embutidos de la matanza, legumbres y aguinaldos. Con lo recaudado, se cocinaba la gran comida del día último.

 En los bailes, amenizados con dulzaina y  tamboril se multaba al galán que habiendo mozas sin pareja no estuviese acompañada. Concluida cada danza los mozos debían abandonar  a su muchacha para hacer un corro donde beber vino de la bota y departir con alegría. Por otro lado las normas del reinado se concretaban con prohibiciones como:

 

 - Blasfemar .

 - Llegar después del segundo toque de campana al pórtico de la Iglesia.

 - Dejar de cumplir alguna orden recibida.

 - Bailar con una misma moza más de tres bailes seguidos, aunque se trate de su novia.

 - Permitir que, habiendo suficiente número de mozos, se quede alguna muchacha sin acompañar en el baile.

 

 Cada falta a ese reglamento se castiga con una “pena”.  Concluidos los festejos y en la casa del Rey, se convocaba asamblea general para dar cuenta de las infracciones cometidas.

 El día grande era la Epifanía del Señor. Una vez organizada la comida, se convidaba al alcalde, que presidiría el banquete; al párroco, encargado de bendecir los manjares. Así mismo se cursaba invitación a un concejal y, en ocasiones, a personas significativas en el pueblo.

 Esta comida dejaba en suspenso el reglamento establecido, y cada mozo recobraba la libertad hasta el próximo año.

 


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